Símbolos


Copa micénica

Copa micénica

 

Una copa, la noche, las conchas y caracolas, la matriz, el agua y la tierra son símbolos que vehiculan la energía femenina.


Desde la orilla conocida y de la mano de símbolos naturales y revelados diseñados especialmente para promover el Conocimiento, nos remontaremos a esferas o parajes olvidados, recuperando la Memoria de un cosmos sexuado que se regenera a través del ser humano que lo encarna.



Primavera 2009


Cartas del Tarot de Marsella


El Mago


Primero eran páginas en blanco. Matrices que al ser fecundadas gestaron el modelo cósmico completo. El Supremo Artesano pensó, proyectó y numeró, luego repartió en tres grupos (22, 40, y 16) y nombró: Arcanos Mayores, Menores y de la Corte; crecieron en el útero y una vez formada la criatura, se alumbraron los vástagos constituyendo cada uno un todo y paradójicamente entre todos, el mismo todo.


Ver al mazo del Tarot como reproduciendo el acto cosmogónico puede resultar un tanto sorprendente, o sea, verlo como el fruto o hijo de la polarización primigenia, donde cada lámina en blanco es un símbolo del principio femenino, de la substancia universal indiferenciada que recibe el flujo espermático del Pensamiento, y de cuya cópula se engendra una posibilidad que primero es arquetipo, luego idea que va tomando forma hasta coagular en una figura, en un símbolo visual, en una concreción material, un arcano con nombre propio: El Loco, El Mago, La Emperatriz, La Templanza... El As de Bastos, El Cuatro de Espadas, La Reina de Copas, el Paje de Oros, y así hasta completar el Libro.


Es mucho lo que puede decirse del valor simbólico de este juego sagrado, de sus connotaciones cosmográficas, numéricas, astrológicas, alquímicas, míticas, iniciadoras en los misterios del cosmos, etc., pero en esta oportunidad queremos destacar la permanente presencia de lo femenino y la mujer en todo el mazo.


La Rueda de la Fortuna



La Rueda de la Fortuna, La Papisa, La Emperatriz, las dos mujeres de la carta del Enamorado,

 

La Sacerdotisa
La Emperatriz
El Enamorado



La Justicia, La Fuerza, La Muerte,

 

La Justicia
La Fuerza
La Muerte



La Templanza, la hembra de la carta de El Diablo y La Estrella

 

La Templanza
El Diablo
La Estrella



La Luna, la dama joven del arcano del Juicio y la que figura en el centro de la mandorla del Mundo, todas ellas pertenecientes a los Arcanos Mayores...

 

La Luna

El Juicio
El Mundo


...son expresiones de la rica y amplia significación de lo femenino dentro del orden cósmico. Una corriente sin la cual nada sería, como tampoco sería el universo si aquélla no se conjugara con un aspecto masculino, activo y viril, pues de la constante interpenetración de los aparentes opuestos se generan los innumerables seres, mundos, espacios y posibilidades. Cada uno de los arcanos anteriores pone de relieve una u otra faceta de la feminidad presente de distintos modos en los simultáneos planos del ser universal: la vacuidad, la receptividad, la fertilidad, la generación, la atracción, la gracia y el encanto, la economía y la administración. La fluidez, la plasticidad, la virginidad, la elección y la decisión; asimismo la audición y la pasión, la fuerza de lo sutil, lo interior y oculto y los misterios de la vida y de la muerte que se expresan de forma cíclica, son cuestiones directamente vinculadas con la faceta yin de la manifestación, sin olvidar la intuición intelectual, la contemplación y la imprescindible destrucción de todo lo creado cuando retorna a su origen indiferenciado, donde ya cualquier dualidad es trascendida.


Conciencia es nombre femenino, como también lo es el de Alma, puente entre el mundo material o corporal y la realidad del Espíritu. El Alma es mediadora y se la simboliza por las aguas y su constante fluir; se sutilizan y evaporan, volviendo luego a licuarse y a caer como lluvia o rocío sobre la tierra. El Alma eleva lo de abajo hacia arriba, conecta lo concreto y sensible con las formaciones sutiles y también con lo universal, con las ideas y arquetipos y con el misterio del Espíritu. Y al mismo tiempo vehicula las potencias de lo alto -de lo intelectual o espiritual- conduciéndolas por todos los estados hasta el que toca la realidad sensible.


Las deidades femeninas de los innumerables panteones tradicionales están presentes en los arcanos del Tarot: Atenea-Minerva, diosa de la Sabiduría y la Inteligencia, Afrodita-Venus, diosa del Amor y la Belleza, Deméter-Ceres, diosa de la Naturaleza, la fertilidad y la fecundidad y su hija Proserpina-Perséfone, relacionada con la muerte y la regeneración. Artemisa-Diana, vinculada con la virginidad y la castidad, las Erinias-Furias con la justicia y la venganza, así como las Horas con el orden social y el de las estaciones. No olvidemos a Mnemosine, deidad de la memoria, el recuerdo y la anamnesis y sus nueve hijas las Musas, diosas de la inspiración poética, la música, la danza y la historia. Y las Ninfas, representantes de la vitalidad y la fecundidad, o las Sirenas relacionadas con la música de las esferas y también con la distracción. Hera, patrona del matrimonio, las Tres Gracias, estandartes de la Belleza, el Amor y el Placer, Tique o la Fortuna, y por supuesto Hestia, la que mantiene la llama del hogar siempre prendida.


Juguemos a reconocerlas en los Arcanos Mayores del Tarot, y sobre todo a verlas como espejos de realidades que nos conforman y que con nuestros gestos y existencias recreamos... Energías que por otro lado no sólo se expresan en su faceta positiva, luminosa y constructiva sino también en la inversa, oscura, negativa y destructiva.


En los Arcanos Menores, cada uno de los palos está en correspondencia con uno de los cuatro planos en los que simbólicamente se estructura la jerarquía del Universo, tanto en su faceta macro como microcósmica. Así los bastos simbolizan la realidad más alta, la de la ontología, el ser en sí mismo o el Espíritu, también vinculado con el elemento fuego. El mundo intermediario del Alma está representado en su faceta superior por las Espadas, asociadas a las ideas arquetípicas, a la mente y al elemento aire, y en su aspecto inferior se lo representa por las Copas, en correspondencia con el agua y el psiquismo individual y denso. Finalmente el plano de la realidad concreta, material o corporal, la tierra en la que coagulan las energías de los mundos superiores, se expresa por los Oros.


As de Espadas
As de Copas


Son muchas las lecturas de esta simbólica de la jerarquía, y una de ellas, que no se contradice con otras que aquí no podemos tratar, es la que contempla al mundo del Espíritu (Bastos) como masculino y derramando sobre los tres planos inferiores femeninos todas sus semillas cósmicas, los cuales las acogen, y como si de matrices se trataran, gestan y generan las respectivas producciones propias de su nivel: en el del Alma superior (Espadas), las ideas arquetípicas, en el del Alma inferior (Copas) las formaciones sutiles y en el de la tierra (Oros), las concreciones materiales, y todo ello en simultaneidad.


Pero además, dentro del mundo del Alma se reproduce este modelo, pues lo jerárquicamente superior, el Alma en su faceta más alta, está representada por las Espadas, un símbolo axial y viril, guerrero, positivo y masculino, presto a rasgar los velos que hacen posible la circulación de las energías por todo el universo. Y en complementariedad, el Alma inferior se figura con las Copas, símbolo asociado a lo femenino, al receptáculo, al envase vacío que recibe todos esos influjos de lo alto. Espadas y Copas denotan el carácter andrógino del Alma, o sea que ésta es a la vez yin y yang , activa y pasiva; atrae, recibe, concibe, reproduce, alumbra, destruye y devuelve.


Y no podemos abordar la simbólica que imprime cada una de las numeraciones del 1 al 10 en los respectivos palos, pero sí enunciar que según la tradición pitagórica los números a partir del 2 son sexuados por lo que masculino y femenino se trenzan en el decálogo de cartas de cada color, ampliando las posibilidades de intelección de la realidad interna sexuada del Cosmos.


Siguiendo con la combinatoria universal que es posible explorar a través de este juego de 78 dígitos, nos fijamos en los 16 Arcanos de la Corte, donde hay cuatro personajes femeninos por excelencia, las Reinas correspondientes a Bastos, Espadas, Copas y Oros. Rey, Reina, Caballero y Paje se relacionan respectivamente con Espíritu, Alma superior, Alma inferior y Cuerpo. Y dado que todo esté en todo, la Reina de Bastos es la presencia del Alma Superior dentro del mundo del Espíritu, la Reina de Espadas es el Alma superior en sí misma, la Reina de Copas es esa misma Alma superior influyendo en el seno del alma inferior y la Reina de Oros es la simbólica del Alma superior en el mundo de la concreción material.


Reina de Bastos
Reina de Espadas
Reina de Copas
Reina de Oros


A su vez, la Reina cohabita en cada plano con el Rey, el Caballero y el Paje, dándose una constante interpenetración entre lo simbolizado por cada uno de los cuatro personajes. Rey y Reina son esposos; el Caballero siempre orienta su corazón a la conquista de su amada, que en cierto sentido es también la Reina, y el Paje es su fiel servidor, y siempre se somete a ella.


Estas son algunas de las simbólicas que se desvelan cuando se trabaja con el libro del Tarot, con este pequeño pantáculo del mundo que contiene las indefinidas analogías que se establecen entre todos los planos verticales y sus expansiones horizontales, donde siempre aparece un principio masculino y otro femenino que no dejan de estar en compenetración, uniéndose o separándose, influyéndose mutuamente, trenzando y destrenzando un equilibrio, el cósmico, que es fruto de la constante tensión entre dos polos. Sin el binario el universo no sería; la del binario es una ley universal, pero no se trata de un "uno" y un "otro" irreconciliables, sino de las dos facetas del Uno y único. Hay que destruir esa corriente mortífera del dualismo impresa en la conciencia del mundo moderno y recuperar la de la Unidad del Cosmos y todo lo que lo conforma.



La Torre de Destrucción



Y el juego no se detiene, ahí está como fiel compañero de camino, trazando a cada instante la ruta hacia el centro de uno mismo. Muchas mujeres así lo han reconocido y lo reconocen; quizá sea su predisposición a la plasticidad, a la sensibilidad o la receptividad lo que las inclina a investigar en el Tarot. Contemplan los arcanos, estudian las relaciones, viajan por los mundos que las láminas revelan, barajan las cartas, hacen tiradas y así se adentran en el conocimiento de sí mismas y del mundo. Y no lo ven como un mero instrumento predictivo que les solucionará los problemas de la vida anecdótica -aunque algunas sí que sólo se quedan con esta visión restringida- sino que lo reconocen como un pantáculo, un pequeño Todo, uno de los mandalas por excelencia de Occidente.


Para ampliar la simbólica del Tarot


Otoño 2009


El tapiz, el bordado y sus herramientas


Tapiz de la Creación, Catedral de Girona, siglo XI o XII

Tapiz de la Creación en la catedral de Girona


Un tapiz y un bordado son una nueva creación, la expresión de una cosmovisión que la tejedora o bordadora ha reconocido en su interior, haciéndose entonces transmisora de esa sabiduría y plasmando las enseñanzas universales de las que es depositaria en la tela iluminada. Todo en su labor es significativo, simbólico. Para empezar las herramientas con las que ejecuta las obras, que no son fruto de su invención, sino la aplicación de unas ideas universales. Así por ejemplo, el huso es un eje, cual el "eje del mundo" que conecta el polo celeste del cosmos con el terrestre, el que se apoya sobre un pivote o es atado a un palo sujeto a la cintura de la hilandera. Así se simboliza la procedencia uránica de toda la manifestación universal y la unión indisoluble del cielo y la tierra.



Madonna del huso, Leonardo da Vinci

"Madonna del Huso" de Leonardo da Vinci


La virgen -símbolo de la sustancia universal receptiva e indiferenciada o del principio femenino del cosmos-, al ser fecundada por el principio masculino (simbolizado en esta pintura por el huso, miembro viril) alumbra al hijo, el cual a su vez sostiene el "axis mundi" que atraviesa todos los planos del universo, señalando con su dedo y mirada el recorrido ascendente por el que toda la manifestación retorna a su Principio.



Huso de madera

Huso


La bola de lana peinada, de algodón o de seda, pueden ser vistas como esa sustancia universal todavía sin forma, las cuales se insertan en el huso, o son penetradas por él, y al imprimir un movimiento circular a ese eje, la hilandera, con una sutil rotación de sus dedos, extrae de ese amorfo un hilo, que irá afinando hasta darle el grosor, la fortaleza y la resistencia adecuadas. Con esa primera producción se confeccionarán telas sobre las que se bordará con otros hilos más finos y de múltiples colores, o bien se tejerá un tapiz con el telar.


El hilo es también un símbolo universal: éste es el que liga a todos los estados de la existencia entre sí y con el Principio, además de representar el hilo de la Tradición, o de la Sabiduría Perenne que se transmite siempre renovada, pero idéntica en esencia, de edad en edad, de tiempo en tiempo, aquí o allí, pues su mensaje es imperecedero.

 

Un huso antiguo y una bola de lana sin hilar

Huso y madeja de lana


Por otra parte, el delicado movimiento rotacional del huso y de los dedos de la hilandera son mucho más que un gesto repetitivo y mecánico; son movimientos análogos a los de las esferas celestes, las que al girar emiten una melodía llamada por los antiguos "la música de las esferas", a la vez que los desplazamientos de los astros y estrellas, sus conjunciones, oposiciones, encuentros y desencuentros, trazan en el empíreo una danza que es la gran coreografía cósmica, como la que realiza la artesana al hilar, que se acompasa así a los ritmos y grafías del universo.


Hilandera, Giovanni Boccaccio. Le livre des cleres et nobles femmes

Mujer que al hilar parece danzar


Con una visión otra, también se descubre que hilar y tocar instrumentos de cuerda son acciones rituales complementarias. Al hilar, tejer y bordar se repite el gesto por el que el Universo es generado. Es con el hilo invisible surgido de sí mismo que el Supremo Artesano o Demiurgo del mundo teje la urdimbre y la trama del Cosmos, con sus planos simultáneos y siempre concatenados, unidos entre sí configurando un todo, fruto del permanente equilibrio de las tensiones de los aparentes opuestos. Un orden orgánico, como es orgánica la labor de la hilandera o tejedora, que realiza su oficio con esta apertura de la conciencia, o sea reconociéndose colaboradora de la generación y regeneración del mundo. Porque lo que labra con sus manos, antes o simultáneamente, lo ha reconocido en su alma. El alma, ese "espacio" intermediario entre la realidad material y la del Espíritu. Un mundo de luces y oscuridades, de formas, colores, notas, números, proporciones, muertes y renacimientos que la artesana "ve" con el ojo del corazón (intelecto) y plasma y fija en su tejido o bordado.


Los instrumentos de cuerda son también eso, hilos de distinto grosor y longitud que reproducen las mismas armonías del cielo y de la tierra. Tañir dichos instrumentos promueve la reminiscencia de esos mundos secretos, ocultos en la conciencia. La audición de la música que se desprende de las vibraciones de las cuerdas, despierta al alma del sopor, y la eleva por aquél tapiz invisible de notas, de números, de proporciones que dibujan escalas, produciéndose saltos de nivel que devuelven el recuerdo o la vivencia de estados de conciencia suprahumanos, e incluso del estado de unidad que en su indiferenciación e inmovilidad contiene en potencia todo su Ser.

 

Vasija griega con mujeres tocando instrumentos de cuerda

Mujeres griegas tañendo instrumentos de cuerda


Es de sobras conocido el enorme poder de la música como purificadora del alma, como reveladora de su código interno y por lo tanto como una escalera que va remontando los planos o estados de conciencia y se abre hacia al misterio de la no dualidad del Ser y el No Ser (ver en la sección de Textos el de Arístides Quintiliano seleccionado por Joscelyn Godwin que se explaya en estas simbólicas).


Dama tocando el arpa, Guiovanni Boccaccio, Le livre des cleres et nobles femmes

Mujer medieval tocando el arpa


Y todo lo dicho no tiene nada de bucólico, de ensoñación, ni de antigualla, aunque es bien cierto que hoy casi se ha perdido el recuerdo de las posibilidades latentes en todas esas dedicaciones. Mas todavía quedan abuelas, madres e hijas que actualmente se transmiten estos saberes y tienen la oportunidad de penetrar en el conocimiento de sí mismas y del mundo a través de la sencilla, y aparentemente inocente, labor de hilar, tejer y musicar.


Y esta mujeres, ¿en qué están ? ¿tejen, hacen música o danzan? ¿o acaso todas estas acciones se conjugan conformando un canto único?


Indígenas guatemaltecas cardando e hilando la lana

Jóvenes peinando y afinando el hilo

 

Mujer preparando la madeja

Preparando la madeja con el baile de los brazos



Manos hábiles de tejedora

Manos hábiles de tejedora


Hemos visto que el huso es el instrumento más simple para confeccionar el hilo, muy fácil de llevar a cuestas, lo que permite a la hilandera realizar la labor allí donde se encuentre. Luego también está la rueca, una rueda sujeta a un soporte que se acciona con una manivela que la hace rodar, afinando así el hilo. Ni que decir que este aparejo es también un símbolo universal, el de la rueda, con todo lo que éste expresa como imagen del Cosmos: el centro inmóvil origen de la circunferencia, o el Principio y su manifestación y despliegue, etc., etc. (ver El Simbolismo de la Rueda, de Federico González)


Rueca

Una rueca


Una vez obtenido el hilo, se puede ya tejer el tapiz o confeccionar la tela que se bordará con indefinidos motivos. Se comienza la labor estableciendo los límites, dentro de los cuales "aparecerá" toda la recreación por mano de la artesana. Este límite viene dado por el telar en el caso del tapiz o por la tela cuando se borda.


El telar más sencillo es el vertical, llamado también de cintura. Se trata de un bastidor, un extremo del cual se suspende de un poste o árbol por una cuerda o "cordón umbilical", y el otro se mantiene tenso por un cinturón que rodea la cintura de la artesana. Conforme trabaja, la tejedora se balancea hacia atrás para incrementar la tensión en el telar o hacia adelante para relajarla. Su cuerpo es uno con el telar, que a su vez es uno con el eje al que está sujeto. Fluye la energía del Principio a través de ese eje vertical (árbol o poste), atravesando el telar atado a la tejedora, la que recibe toda la sapiencia, que reconoce en sí misma, y como fruto de esa aprehensión, surge la obra de arte.



Telar maya vertical

El telar vertical o de cintura


En el telar se distigue la urdimbre y la trama. La urdimbre son los hilos (normalmente de un solo color) que a modo de fondo indiferenciado simbolizan la unión de todos los mundos o planos simultáneos del Cosmos. La urdimbre, cual aspecto receptivo de la manifestación universal, es atravesada de arriba a abajo y viceversa por la aguja o por la lanzadera, instrumento viril, éste último habitualmente de madera y que tiene forma de nave. Su recorrido vertical va haciendo aparecer la trama, o sea las formas, colores, seres e historias que simbolizan el desarrollo condicionado y temporal de cada uno de esos planos de la existencia cósmica. Aunque existe también otra simbólica cósmica sobre la urdimbre y la trama que se puede consultar en la sección Textos. (ver El simbolismo del tejido de René Guénon)


Volvamos a la lanzadera y a su
analogía con la nave. Esta representa en todas las culturas el vehículo que atraviesa las aguas, las que se refieren al mundo del Alma (tanto la superior o universal como la inferior o individual), intermediario entre la realidad corporal y la del Espíritu. Con este soporte se cruza el extenso ámbito de los planos inteligibles o cognoscibles hasta la llegada al puerto de destino, el Principio o estado de conciencia de unidad, donde finalmente la nave será abandonada para poder así salir de los límites del Universo hacia el reino de la metafísica. Es con esa nave que la tejedora atraviesa la urdimbre, y al conocer sus regiones o comarcas y los seres y dioses que las habitan, las alumbra, les da vida, constituyendo pequeños o grandes mapas del Cosmos.

 

Lanzaderas de madera

Lanzaderas


Y aunque esto no agrade al ser humano moderno, o no lo entienda por sus prejuicios e ignorancia, toda la labor de tejer y bordar es anónima, porque no se trata de potenciar los egos de la artesana, sino justamente de poder trascender su individualidad, de atravesar la visión separatista o dual de la existencia y renacer, a través del soporte del tejido o del bordado, al conocimiento de las posibilidades más que humanas que subyacen en su interior, en su conciencia.

 

Mujer tejiendo en Santa Catalina Palopó

Diestra artesana


Para bordar, todos los aparejos son más sutiles, ligeros y delicados que los utilizados para realizar tapices. Los hilos son más finos, la lanzadera se sustituye por la aguja, el telar por el bastidor, pero los gestos, intenciones y realizaciones son análogos.


Utiles para bordar

Bastidor y útiles para bordar


Bordadora mallorquina

Bordado mallorquín


Bordadora

Bordado floral


Al final se produce el alumbramiento, nace la nueva criatura. Se corta el hilo, el cordón umbilical. La obra se ha completado y se entrega para la contemplación, lo que no excluye que tenga también una función práctica. Constituye la expresión de lo vivido y conocido por la tejedora, y a la vez es un modo de enseñanza y transmisión. Como un libro, que relata el misterio del Cosmos, de su Principio, de su despliegue, de su construcción y demolición.

 

Biblia con tapas bordadas

Biblia del s. XVI con tapas bordadas


Como muestra de lo dicho se presenta una pequeña selección de tapices que de una manera u otra plasman una cosmogonía viva, la visión de la unidad del Ser experimentada por la artesana a lo largo de la confección de la labor, proceso parejo al desvelamiento de su alma, que sometida a profundas transmutaciones ha conocido el principio, medio y fin de la Existencia, y conociéndola se ha podido liberar de todos sus límites, saliendo entonces del cosmos a través de la estrella polar, o por el ojo de la aguja que es lo análogo en el simbolismo que tratamos.


Juno transforma a Calisto en Osa

La metamorfosis de Calisto en osa que luego será la constelación polar


Las tres Parcas y la Muerte

Tapiz con la Muerte y las tres Parcas como símbolo del ciclo vida-muerte-renacimiento


La caída de Babilonia

Tapiz que representa la caída de Babilonia, la demolición del mundo viejo, de los esquemas caducos, de los miles de prejuicios que dificultan e imposibilitan la visión de posibilidades latentes en el Alma del Mundo


La Nueva Jerusalén

Tapiz con la Jerusalén Celeste, el Nuevo Mundo, un estado de la conciencia que el alma puede conquistar


Y ahora, una colección de seis tapices medievales de gran belleza, conocidos como "La Dama del Unicornio", donde la protagonista es una mujer situada en una geografía fuera del tiempo y del espacio, flanqueada en todos ellos por dos animales simbólicos, el león a la izquierda y el unicornio a su derecha, y ella en medio, como el eje del caduceo entorno al cual se enrollan las dos serpientes, o como el pilar central del Arbol de la Vida sefirótico, síntesis de la conjunción de los opuestos, y a la vez una escala que se remonta de la tierra al cielo. Cada tapiz está dedicado a un sentido, a una de las "puertas" o "ventanas" de acceso a los mundos invisibles e interiores de la conciencia que se hacen "visibles" o inteligibles al intelecto, revelando la estructura interna del Cosmos y de todos sus estados, desde los inferiores a los superiores, o suprahumanos, que en este trabajo de tejeduría se expresan a través de símbolos vegetales, animales y humanos. Un Mundo del que uno debe desprenderse, como la Dama de sus joyas en el sexto tapiz, significando de este modo el abandono de la ilusión cósmica y la apertura a la Realidad ilimitada de lo Metafísico.


El gusto

El Gusto



El olfato

El Olfato


El oido

El Oido


El tacto

El Tacto


La vista

La Vista


El deseo

"A mi único deseo"


Tapiz con una escritora

Tapiz con la escritora, el ave portadora del mensaje y el ángel que sostiene la tinta para escribir


Como corolario, sigue una selección de bordados de distintos lugares y tiempos en los que pueden reconocerse unos motivos presentes en todas las culturas de la tierra: círculos, cuadrados, cruces, esvásticas, grecas, espirales, estrellas de 4, 5, 6, 7, u 8 puntas, etc; o flores, pájaros, animales de todos los reinos, árboles, como símbolos que el ser humano no inventa sino que reconoce en el mundo, identificando en ellos su enorme poder transformador, pues son los vehículos de los dioses que animan el Cosmos, los intermediarios entre el Principio oculto y toda su manifestación.


Tapete de Brujas

Encaje de Brujas


Estrella lagarterana

Motivo lagarterano


Cenefa lagarterana

Greca lagarterana


Cenefa de Navalcán

Cenefa de Navalcán


Esvástica

Esvástica de Navalcán


Bordado de Navalcán

Bordado de Navalcán


Pavo Real, motivo maya

Pavo Real (Motivo maya)


Arbol de la Vida con animalitos, bordado maya

Arbol de la Vida con animales (Bordado maya)


Arbol de la Vida maya

El Arbol de la Vida (Bordado maya)


Aguilas bicéfalas

Aguila bicéfala (Bordado maya)


Vestido maya con motivos geométricos,  florales y animales

Huipil con soles, estrellas, flores y pájaros


Bordado segoviano

Bordado segoviano


Motivo segoviano geométrico

Motivo geométrico segoviano


Mandala octogonal, motivo segoviano

Mandala. Bordado segoviano


Estrella bordada, motivo vasco

Bordado vasco


Tipos de cenefas vascas

Motivos de bordados vascos


Mantón floral de traje regional español

Mantón regional extremeño


Traje extremeño bordado

Traje extremeño


Huipil maya

La salida del cosmos expresada por el huipil maya



Primavera 2010


El ciclo femenino y la luna


Athanasius Kircher, Turris Babel, Amsterdam, 1676

Recorrido aparente del Sol y
la Luna entorno a la Tierra


La idea de ciclo está grabada en la naturaleza de la mujer, como un reloj orgánico acompasado al tiempo que rige la manifestación universal. Los astros marcan este movimiento con sus desplazamientos en el cielo y establecen unas pautas armónicas, que ordenan a su vez la vida de la tierra y todo lo que en ella vive.


"El tiempo es 'medida' -que siempre supone un espacio-, módulo y proporción que vincula las distintas partes del cosmos y es por eso un elemento de unión entre ellas; pero sobre todo es la ley, que al cumplirse indefectiblemente hace posible todo esto, en cuanto se advierte que su presencia -manifestada por el movimiento- obedece a pautas y ritmos periódicos que ligan a los seres, los fenómenos y las cosas entre sí, estableciendo parámetros, analogías y prototipos que inmediatamente llevan a la idea de un mismo y único modelo universal; la manifestación de este modelo es la totalidad de lo posible, y su expresión más evidente la vida universal y la naturaleza como símbolo de ésta. Por ello el tiempo siempre es actual; no es algo generado en los comienzos y que subsiste como un componente abstracto de la realidad psicofísica, sino que expresa esa misma realidad ahora, pues él es una de sus condiciones, es decir, un elemento siempre presente sin el que la vida no sería posible. Su cualidad es entonces parte constitutiva del cosmos, y su forma de manifestarse -que puede ser medida cuantitativamente en el espacio- la manera en que éste se expresa, y por lo tanto una clave para la comprensión de su esencia, un módulo válido para el conjunto de la creación. En esta perspectiva han de cobrar particular importancia las revoluciones de los astros y las estrellas en el firmamento, que por estables con respecto a la rapidez del movimiento de la tierra han de servir como guías y puntos de referencia para establecer las pautas generales del conjunto -la armonía de lo que Pitágoras llamaba la 'música de las esferas', la que se logra por la interacción de todos los movimientos individuales, incluido el de la tierra y los hombres." (Federico González, El Simbolismo precolombino, Ed. Kier, Buenos Aires, 2003)


Andreas Cellarius, Harmonia Macrocosmica, Amsterdam, 1660

El Sol, la Tierra y el movimiento
de la Luna con sus fases


"Es lógico pensar, por tanto, que si el tiempo es sumamente sagrado para una sociedad tradicional, también lo es el calendario, miniatura e imagen del cosmos, fijación del devenir, revelación de un saber atemporal que toma al movimiento como proyección espacial del tiempo al conjugarlo de contínuo. Por ello consideramos muy adecuado el estudio de los calendarios en cuanto instrumentos sagrados reveladores o mediadores del Conocimiento, que ellos mismos portan en su estructura, es decir, como epifanías permanentemente disponibles para transformar lo mutable en inmutable, lo visible en invisible, el caos en orden, la proyección indefinida en verdadera ontología; o sea en el Ser del Tiempo como hálito vital del Ser del Cosmos"
. (Federico González, Simbolismo y Arte, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2004)


Los calendarios de todas las culturas se organizan ya sea siguiendo el ciclo solar, el lunar o conjugando los dos, amén de algunos que también incorporan la revolución de Venus. En este sentido:


"La Luna y sus ciclos en particular han sido, obviamente, de los primeros parámetros vigentes utilizados para establecer relaciones de todo tipo, y manifestar la cosmogonía, resultante de la interacción de los diversos cuerpos celestes -la Tierra incluida- y fijada en el calendario, que no es sino la proyección de la revelación cósmica y del Ser del Tiempo, como llevamos dicho. Muchas culturas han conservado en su estructura las fases de la Luna como punto referencial de primera magnitud. En otros casos los calendarios aún vigentes conservan un punto de vista soli-lunar alternado, como en el cristianismo y sus ciclos rituales. Necesariamente todas la culturas han tomado la luminaria nocturna y sus ciclos como una de las medidas fundamentales de la cosmogonía y sus ritmos, y estas pautas, altamente significativas, se asocian con innumerables términos conocidos o experimentados, tanto en el nivel físico como en el psicológico.


Calendario Lunar

Calendario Lunar


Si el movimiento de la Tierra alrededor del Sol en el día produce el primer ciclo unitario y recurrente, las fases de la Luna configuran las semanas y los meses, es decir espacios más demorados de tiempo y por lo tanto, ciclos más amplios, aunque deben considerarse conjuntamente estos planetas, ya que la Luna es un satélite de la Tierra. Al día y al mes ha de agregarse el ciclo del año, o sea el viaje zodiacal del Sol, que los incluye a ambos. Estas son las medidas que registran los calendarios, a las que debe añadirse por un lado una medida fundamental para todas las grandes civilizaciones, el Gran Año de 26.000 años (25.920) ó 13.000 (su mitad) en números 'redondos', correspondiente a la precesión equinoccial (se debe señalar que este movimiento es retrógrado) y de modo secundario otras relacionadas con planetas y estrellas (la estrella Polar, las Pléyades y las 'fijas' en general, así como los movimientos de Venus y otros astros, p. e.: los eclipses y nodos lunares)."
(Op. cit.)


Athanasius Kircher, Ars Magna Lucis, Amsterdam, 1671

Fases lunares


Nos interesa también destacar cómo se expresa la función intermediaria y la influencia directa de la Luna sobre la Tierra a través de dos autores que recogen la doctrina cosmogónica. El primer texto es de Cornelio Agrippa, hermetista del siglo XV-XVI que en su tratado Filosofía Oculta asegura:


"
La luna, más próxima a la tierra, recibe todas las influencias celestes; por medio de la velocidad de su curso, se une cada mes al sol y a los demás planetas y estrellas, oficiando de mujer para con todas las estrellas; es la más fecunda, recibiendo en sí una especie de feto, que son los rayos y las influencias del sol y de todos los demás planetas y estrellas, dándolos a luz como mediante un parto en el mundo inferior vecino; todas las estrellas se extienden sobre ella, como receptora última, que al punto comunica el influjo de todos los elementos superiores a los inferiores, volcándolos sobre la tierra. Su poder sobre las cosas inferiores es el más manifiesto de todos, y su movimiento es el más sensible, a causa de la familiaridad y vecindad que tiene con nosotros, y porque se comunica con todas estas cosas, como ubicada en medio de los cuerpos superiores e inferiores. Por ello debe considerarse su movimiento por encima de todos los demás, ya que es el que ejecuta casi todos los conciertos que ella mantiene, de modo diverso, con las cosas de aquí abajo, según su propia complexión, movimiento, situación y aspectos diferentes respecto de los planetas y todos los demás astros. Y aunque recibe las fuerzas de todas las estrellas, no obstante en mayor abundancia las recibe del sol, cuando está en conjunción con éste; el sol la llena de fuerza vivificante y ella recibe de él su complexión en proporción a su mirada.


En su primer cuarto, según los peripatéticos, es caliente y húmeda; en el segundo, caliente y seca; en el tercero, fría y seca; y en el cuarto, fría y húmeda. Y aunque sea el más bajo de todos los astros, no obstante desarrolla todas las producciones de los astros superiores, puesto que el orden de las cosas comienza por ella en las cosas celestes, lo que Platón llama cadena áurea, por medio de la cual cada cosa o cada causa, al estar encadenada con otra, depende de una superior hasta que llega a la primera y soberana causa de todas las cosas de donde depende todo. De allí surge que de ningún modo podemos extraer la fuerza de las cosas superiores a no ser por medio de la luna. Por ello Thebit dice que, para disponer de la fuerza de una estrella, debe contarse con la piedra y la hierba de esa estrella, cuando la luna está felizmente sometida a esa misma estrella, o la mira favorablemente."
(Cornelio Agrippa, Filosofía Oculta, Ed. Kier, Buenos Aires, 1998)


Michael Maier, Atalanta Fugiens, emblema XLV

La Tierra, entre el Sol y la Luna


El segundo fragmento es de Plinio el Viejo, sabio muerto el 79 d. C., que en su obra enciclopédica Historia Natural dedica dos capítulos a la cosmología y al estudio de los movimientos celestes. De la Luna explica:


"Ahora bien, les gana en admiración a todos el último de los astros, el más familiar para nuestras tierras y el que fue descubierto por la naturaleza para remediar las tinieblas: la luna. Multiforme y ambigua, fue una tortura para la inteligencia de sus observadores, que se indignaban de que el astro más próximo fuese el más desconocido, siempre creciendo o menguando, unas veces con su faz curvada en forma de cuernos, otras veces partida justamente por la mitad, otras redondeada en círculo; llena de manchas y de pronto resplandeciente; inmensa en su plenitud total y de repente reducida a nada; unas veces pernocta, otras veces, sale tarde y durante parte del día ayuda a la luz del sol, y otras está eclipsada, pero es visible a pesar del eclipse (ya que a final de mes se oculta y no parece que entonces esté en ese trance). Además, está alta o baja, pero tampoco esto conforme a una misma ley, sino que unas veces está cercana al cielo, otras próxima a los montes, o bien elevada al aquilón o descendida hacia los austros. Estas singularidades suyas fue Endimión el primer hombre que las advirtió; por eso cuenta la tradición su amor por ella. (...)


Pues bien, siendo la más cercana al eje y, por tanto, la de un curso más corto, recorre en veintisiete días más un tercio de otro las mismas distancias que Saturno, el más elevado de todos, en treinta años, como se ha dicho. Luego, después de detenerse durante dos días en conjunción con el sol, reinicia el mismo ciclo al cabo de treinta días como muy tarde. No sé yo si no es ella la maestra de todas las cosas que pudieron ser conocidas en el cielo, a saber: que debe dividirse el año en intervalos de doce meses, tantos como veces ella alcanza al sol cuando éste vuelve a su punto inicial; que, como los demás astros, está gobernada por la luz del sol, puesto que brilla con luz totalmente prestada por él, tal como la vemos titilar en el reflejo del agua; que, por eso, debido a su energía más tenue e imperfecta, libera o incluso aumenta el nivel de agua que pueden absorber los rayos del sol; que, también por eso, se ve con distinta luz, ya que sólo muestra a la tierra su plenitud cuando el sol está opuesto y los demás días exclusivamente la parte en que recibe el sol; que, por supuesto, durante su conjunción con él no es visible porque, al estar nosotros por detrás, todo el acopio de luz lo devuelve a donde lo tomó; que, indudablemente, los astros se nutren de la humedad terrestre ya que, cuando el disco lunar está en la mitad, jamás se ve manchado, evidentemente porque todavía no alcanza la potencia debida para absorber más cantidad, pues sus manchas no son otra cosa que los desechos que ha tomado de la tierra junto con el agua. Además, que sus eclipses así como los del sol (que son el hecho más sorprendente y más similar a un prodigio en la observación general de la naturaleza) resultan ser los indicadores de su sombra y de sus respectivos tamaños." (Plinio el Viejo, El Cielo, Ediciones Siruela, Madrid, 2000)


Athanasius Kircher, Obeliscus Pamphilius, Roma, 1650

Las diosas paganas como emanaciones
de las fuerzas lunares


La Luna, por tanto, es la primera intermediaria entre la Tierra y las otras esferas planetarias. Su influjo sobre todo lo que crece y decrece es muy grande, al igual que sobre lo que entra y sale de la existencia, o sea, sobre la vida y la muerte, pues ella misma no hace sino reiterar con su ritmo cuaternario el sello que está impreso en toda la manifestación.


"En la mitología de la India brahmánica, se dice que la Luna está donde van las almas de los difuntos. La noción de la Luna como reino de los muertos nos lleva a una mayor tensión en su simbolismo. Sus fases pueden indicar una analogía con los ciclos orgánicos y el reino de la naturaleza, como ocurre en la mitología de algunas zonas de América del Sur, donde se cree que la Luna es la madre de las hierbas. En la antigua Mesopotamia hubo quienes consideraban que el calor de la Luna, más que el del Sol, era la fuerza energética mediante la que crecían las plantas. Al mismo tiempo, sin embargo, las fases de la Luna han significado para algunos pueblos la decadencia y la muerte."
(Geoffrey Cornelius-Paul Devereux, El lenguaje secreto de las estrellas y los planetas, Ed. Debate, Círculo de Lectores)


La simple observación de su recorrido, aparición y desaparición en el cielo durante un mes admite una partición cruciforme -Luna nueva, creciente, llena y menguante-, que al imprimírsele movimiento dibuja una rueda que se cierra sobre sí misma y simultáneamente se abre a otra posibilidad virginal. Es evidente que el ciclo de la mujer se acompasa al del astro celeste y repite su misma estructura o danza de perpétua renovación. En toda cultura tradicional la llegada de la primera regla supone la muerte de la niña y el nacimiento de la joven doncella, apta ya para encarnar en su seno el misterio de la vida, aunque también el de la muerte y el renacimiento. Durante sus años fértiles la mujer coadyuva a la reproducción y al reciclaje universal, y una vez agotado este período se adentra en la vejez que desemboca en la muerte. Y esto que se expresa a nivel biológico, admite otros niveles de lectura, simbólicos y relacionados con el proceso del alma en pos de su realización espiritual; un viaje circular y cruciforme ascendente por la cadena de los mundos hasta el arribo a su auténtica morada.


A su vez, el propio ciclo menstrual de la mujer está signado por la cruz o el número cuatro; el recorrido del óvulo, que saliendo del ovario cuando está maduro espera ser fecundado en su punto álgido, es análogo al camino ascendente desde la Luna nueva hasta la llena pasando por el creciente. En el caso de que no se opere esa fecundación, el huevo irá descendiendo, menguando, hasta morir expulsado con el ménstruo. Tra esta purificación, otro ciclo estará presto a iniciarse y a repetir el proceso, de modo análogo pero nunca idéntico. Y si se produce la fertilización, entonces comienza la génesis de un nuevo ser, que a su vez estará signada por un ritmo cíclico, que también la Luna regula, pues ya se sabe que la gestación completa del ser humano comporta nueve revoluciones del astro en el cielo.



El Yoni fecundado
por la plomada celeste


Son innumerables los ritos de distintas tradiciones asociados a la mujer y sus ciclos biológicos en consonancia con los de la Luna, como una expresión del ritmado y concatenación universal, y del soporte simbólico con el que cuenta la hembra para conocer las entretelas y profundidades de su naturaleza, no solo física o psicológica, sino por encima de todo espiritual. A modo de ejemplo la siguiente cita y el link a un interesante artículo sobre los ritos de iniciación de los indios huicholes.


"La función reguladora de la Luna del ciclo menstrual (término que proviene del griego menses, que significa 'luna') le otorgó una asociación con la fertilidad en épocas antiguas, y conforme los matriarcados se fueron transformando en sociedades patriarcales, da la impresión de que a la Luna se le va dando un papel crecientemente femenino, en tanto que el Sol adopta el papel masculino. La diosa Luna Ch'ang-o, o Heng-o, una de las figuras más populares de las creencias folclóricas chinas, ilustra la característica de la Luna femenina bajo uno de sus aspectos más benignos. La Fiesta de la Luna, que se celebra en la Luna llena que sigue al equinoccio de otoño, es una de las tres grandes celebraciones anuales. Está dedicada exclusivamente a las mujeres y a los niños, y los hombres no toman parte en ella. Se preparan figuritas en forma de conejo, o de soldado con cara de liebre, ambos animales lunares, y los niños hacen sus ofrendas directamente a la Luna creciente." (Op. cit.)


Link al artículo Los Huicholes, una tribu de artistas de M. Zingg


Parto, artesanía huichol, Santa Catarina, Real de Catorce

La Luna y el Sol presidiendo un parto.
Artesanía Huichol


Por otra parte ya se ha hablado en la sección de Mitologías de la impronta de la Luna en el momento de dar a luz, adoptando entonces el nombre de Protirea, o Lucina, pues al decir de Cicerón:


"...y es que, de la misma manera que entre los griegos se invoca a Diana en su condición de 'Lucífera', así entre los nuestros se invoca a 'Juno Lucina' en el momento del parto. A esta misma Diana se la llama 'omnívaga', no a partir de 'perseguir cazando', sino porque se la cuenta entre las siete 'vagabundas', por así decirlo. A Diana se la llama así porque es capaz de producir, aun siendo de noche, una especie de 'día'. Por otra parte, es invitada a asistir a los partos, ya que éstos se producen tras siete -alguna vez- o tras nueve cursos de la luna -como es lo más frecuente-, cursos que se denominan 'meses', ya que comprenden 'espacios medidos'". (Cicerón, Sobre la naturaleza de los dioses, Ed. Gredos, Madrid, 1999)


"Leto y el nacimiento de Apolo y Artemis", de Diana Scultori, c. 1580

Leto alumbrando a los gemelos
Apolo y Artemisa asistida por otras diosas


Pero si la división cuaternaria del ciclo de la Luna y de la mujer se vincula fundamentalmente con la rueda de la existencia y sus continuas mutaciones, la idea del ternario, tan importante desde el punto de vista tradicional, también está presente en la simbólica de la Luna:


" Esta paradoja de la vida y de la muerte está comprendida en la Luna como triple diosa, un motivo mítico que aparece bajo muchos aspectos, sobre todo donde encontramos una trinidad femenina, como en las Parcas, o las tres brujas. En el mundo de la antigua Grecia, los poetas vieron a la virgen cazadora Artemisa (Diana para los romanos) como la 'diosa con tres formas', siendo sus otros dos aspectos Selene, la luna del cielo, y Hécate, una misteriosa diosa del inframundo."
(Geoffrey Cornelius-Paul Devereux, El lenguaje secreto de las estrellas y los planetas, op. cit.)


O sea, que hay una Luna de la tierra (Artemisa), una Luna del cielo (Selene) y una Luna del inframundo (Hécate), dando idea de que todo está en todo, y de que en esta esfera planetaria se expresan simbólicamente los tres mundos jerárquicos que conforman el orden cósmico, a saber, la realidad espiritual (cielo), la intermediaria o del alma (tierra), y la corporal o material (infierno), siendo además que en cada una de ellas, de nuevo aparece la tríada, tal como se observa en la siguiente ilustración y en la correspondiente a Hécate.


Perugino, Triunfo de la Luna, Colegio de Cambio, Perugia

Tres en una


A continuación los cantos del poeta Orfeo a estas tres facetas de la Luna, vivas en el interior de la mujer, al igual que en el varón:


Diana chasseresse, Escuela de Fontainbleau

Diana o Artemisa flechadora


"Escúchame, soberana, celebérrima hija de Zeus, titánide, báquica, afamada arquera, venerable. Visible para todos, diosa portadora de antorcha, cazadora de red, que presencias los partos, socorriendo en ellos, pero sin someterte a su ley; que asistes a las mujeres en el parto, que disfrutas con los delirios báquicos, cazadora, disipadora de preocupaciones. Agil corredora, flechadora, apasionada por la caza, noctámbula; protectora, acogedora, liberadora, masculiniforme, oria, apresuradora del parto, deidad nutricia de los jóvenes mortales. Inmortal, subterránea, destructora de fieras, afortunada, que ocupas los bosques de los montes y disparas a los ciervos, venerable, augusta señora, bello retoño, perenne. Habitante del bosque, protectora de perros, cidoniata, multiforme. Ve, pues, salvadora diosa, afectuosa, agradable para todos tus iniciados, aportando bellos frutos de la tierra, una paz grata y una salud de hermosa cabellera, y envía, por favor, a las cimas de los montes las enfermedades y pesares." (Himnos Orficos, A Artemis, Ed. Gredos, Madrid, 1987)


Altar con Selene, Muso del Louvre

Selene


"Escucha, regia diosa, generadora de luz, divina Selene, Luna de cuernos de toro, que, noctámbula por las rutas del aire, a lo largo de la noche, sostienes una antorcha; doncella, hermosa estrella, Luna, creciente y menguante, hembra y macho; de sólido resplandor, que gustas de los caballos, madre del tiempo, portadora de frutos, ambarina, de fuerte carácter, relumbrante en medio de la noche, omnividente en vigilia, pujante entre bellos astros. Complaciente con la paz y la felicidad de la noche, brillante, otorgadora de alegría, culminadora, gala de la noche, reina de los astros, vestida de largo peplo, de sinuosa carrera, sapientísima doncella: ven, pues, bienaventurada, benévola, bello astro, refulgente por tu luz, y salva, doncella, a tus jóvenes suplicantes." (Himnos Orficos, A la Luna, Ed. Gredos, Madrid, 1987)


Medallón de Hécate

Hécate


"Invoco a Hécate, protectora de los caminos, en las encrucijadas, grata, celeste, terrenal, marina, de azafranado peplo, sepulcral, y que se agita delirante entre las almas de los muertos; hija de Perses, amante de la soledad, que disfruta con los ciervos, noctámbula, protectora de los perros, invencible soberana que devora animales salvajes, sin ceñidor en su cintura, y con una figura irresistible; que se mueve entre los toros, dueña guardiana de todo el universo; conductora, joven guerrera, nutridora de jóvenes, montaraz. En conclusión, suplico que asista la doncella a los sagrados misterios, mostrándose propicia al boyero de corazón siempre alegre." (Himos Orficos, A Hécate, Ed. Gredos, Madrid, 1987)


Y ahora, con el fin de aumentar el caudal de imágenes significativas y el despertar del pensamiento analógico, se propone el hilado de algunos fragmentos que describen las correspondencias de la energía de la Luna con los distintos órdenes de la realidad -lo cual constituye la magia simpática-, relaciones tanto con el ser humano como con los reinos de la naturaleza, las artes, ciencias y otras posibilidades. Dice Agrippa en su Filosofía Oculta:


"Y aunque a la luna se atribuye todo el cuerpo y todos los miembros, a causa de la variedad de los signos, no obstante se le asignan particularmente el cerebro, los pulmones, la médula espinal dorsal, el estómago, las menstruaciones, todos los excrementos, el ojo izquierdo y la fuerza del crecimiento."


Y también:


"Entre los Elementos, los que dependen de la Luna son: la tierra, el agua tanto de mar como de ríos, y todo lo que es húmedo, la savia y los humores de los árboles y los animales, sobre todo los blancos, como los blancos de huevos, grasas, sudores, pituitas y superfluidades corporales. Entre los gustos, el salado y el insípido.


Entre los metales, la plata; entre las piedras, el cristal, la marcasita plateada, y todo lo que tiene blanco y verde. Asimismo, la piedra selenita, es decir la piedra lunar transparente, blancuzca, con resplandor o color de miel, que imita el movimiento de la luna, lleva en sí su figura y cada día hace aparecer su creciente o su menguante. Y asimismo las perlas provenientes de conchas, de gotas acuosas; el cristal y el berilo.


E
ntre las plantas, las que son lunares son el selenotropion, que se vuelve hacia la luna, como el tornasol hacia el sol; y la palma que retoña una rama con cada salida de luna; el hisopo que es una especie de romero, un árbol muy pequeño y la más grande de todas las plantas, que participa de uno y otro. El olivo, que es el cordero sin mácula, o el árbol casto y puro: la hierba chinostates, que crece y decrece como la luna, a saber, en sustancia y en cantidad de hojas, y no sólo en humor y virtud o fuerza; lo que todas las plantas tienen de común de cierta manera entre entre ellas, con excepción de las cebollas de Marte, que solas, mientras la luna creece o mengua, disminuyen o aumentan sus fuerzas; como entre los pájaros o bestias volátiles, el oryx, ave de Saturno, es muy enemigo de la luna y el sol.


Los animales lunares son los que viven con los hombres, y tienen diferentes naturalezas de amor y de odio, en lo que sobresalen, como los perros de todos los géneros. El camaleón es también lunar, porque cambia según la variedad del objeto que se le presenta, como la luna cambia de naturaleza, según el cambio de signo donde se encuentra. Estos animales son también lunares: las marranas, las corzas, las cabras, y toda clase de animales que observen y sigan el movimiento de la luna, como el cinocéfalo y la pantera; se dice que ésta tiene sobre su lomo una mancha parecida a la de la luna, que crece redonda y hace encorvar sus cuernos de la misma manera. Los gatos cuyos ojos se agrandan en mayor o menor medida, según los cambios de la luna; y lo que existe de semejante, como ocurre con la sangre de las menstruaciones con la que los magos efectúan muchas clases de cosas, y prodigios, o cosas monstruosas. La hiena que cambia de sexo, y que está sujeta a los peces, y a toda clase de animales, que se llaman anfibios, porque están tanto en tierra como en agua, como los castores y las nutrias, y los que comen peces. Además, los animales monstruosos, y aquellos de los que no se sabe de qué simiente nacen, como las ratas del coito y de la podredumbre de la tierra. Entre las aves, son lunares los gansos, los patos, los somormujos, todos los acuáticos, y los que comen peces; los que se engendran de manera ambigua, como mosquitas y avispas, que se forman en los cadáveres de caballos; las abejas de la corrupción o podredumbre de las vacas; los musciliones, de vino echado a perder, y los escarabajos del cuerpo del asno; sobre todo, el escarabajo que lleva dos cuernos, y que se llama forma de toro, es lunar; entierra una bolita y la deja durante veintiocho días en que la luna da la vuelta del Zodíaco, y el día vigésimonoveno la desentierra y la echa al agua, y así nacen los escarabajos. Entre los peces, el gato de mar, cuyos ojos cambian con los cambios de la luna, como la tremielga, el echeneis, el cangrejo, las ostras, los mariscos y las ranas." (Op. cit.)


La Luna rige, además, muchas actividades agrarias, como el tiempo de las siembras y las recolecciones, las podas, los injertos, los abonos, etc., al igual que influye sobre la crecida y mengua de las aguas, los fluidos, las plantas, las crías de animales, e igualmente señala los períodos propicios para la pesca y la caza y los prohibidos.


En las Artes Liberales se vincula con la Gramática, arte que supone, por encima de todo, poner por escrito el conocimiento de la doctrina, o sea de la cosmogonía, gracias a lo cual, el ser humano que escribe y lee o escucha lo anotado, puede realizar una auténtica labor especulativa, que no es para nada una serie de elucubraciones en un mundo de supuestos y relatividades, sino conocer a través del espejo simbólico del lenguaje la realidad que lo genera y el origen de donde emana cualquier discurso. No porque sí, un símbolo identificado con la Luna es el del espejo. Ya Alfonso X el sabio decía que la Gramática: "limpia la lengua tartamuda", "da al hombre el entendimiento" y "nos enseña a hablar derechamente". Por otra parte, desde el punto de vista de la numerología, la Luna se asocia al nueve, número circular, que retorna siempre sobre sí mismo, pues todo múltiplo de 9 se reduce finalmente a esta cifra, y además, siendo el cuadrado de 3 se representa geométricamente por la circunferencia, a la que corresponden 360º (3+6+0=9), que subdividida en 2 da 180º (1+8+0=9), en 4, 90º (9+0=9) y en 8, 45º (4+5=9).


Manuscrito de Astrología, París

Los dominios de la Luna


La reina de la noche es la regente del signo zodiacal de Cáncer, aquél en el que se abre la llamada "Puerta de los Hombres" en el solsticio de verano, pasaje que supone la entrada de todos los seres en la Manifestación Universal, de la que sólo podrán salir por la "Puerta de los Dioses" en el signo de Capricornio. El iniciado traspasa aquella primera puerta para comenzar su viaje interno de realización espiritual. La Luna es el puerto de salida, y a partir de aquí se propone la travesía de las aguas, asociadas al mundo intermediario del Alma, cuyo primer tramo es el del Alma inferior, relacionada con la individualidad y por tanto con el psiquismo más denso, o sea, con los estados cambiantes de ánimo, la imaginación, las fantasías, los deseos, las sensaciones, etc.


De Sphaera, s.XV, Italia

Puerto desde el que se emprende
el cruce de las Aguas


Embarcados en esta ruta por los mares de la conciencia, se reconoce al traspasar esas primeras agitadas y turbulentas aguas que la Luna es el paredro del Sol, el auténtico artífice de la luz que ella refleja, astro rey a partir del cual se emprende un recorrido vertical que atraviesa los estados superiores del ser, el mundo de las ideas puras no sujetas a las formas. Má allá se encuentra el arribo a la realidad de la Ontología, del Ser en sí mismo, cuyos dos atributos arquetípicos fundamentales, la Inteligencia y la Sabiduría, se representan de nuevo simbólicamente con la Luna y el Sol respectivamente.


Trismosin, Splendor Solis, tratado de Alquimia

El Sol y la Luna en los tres mundos,
cielo, tierra e inframundo


Ya sólo queda soltar la última amarra, dejar todos los vehículos que han ayudado a la travesía, incluso al Sol, a la Luna, y a Mercurio, que con su caduceo ha avivado constantemente el furor divino, y abismarse -pasando por la puerta estrecha de los dioses-, en el ambito de lo Infinito.


Relieve mitraico

Relieve mitraico


Diana (Luna) participa del banquete de Mitra (prototipo del iniciado) y Helios (el Sol) cuyo fuego está atizado por el caduceo de Hermes. El grado iniciático más alto en los antiguos misterios de Mitra es el de Pater. Liberados de la rueda del devenir y de los ciclos, se sale por el centro de la Rueda hacia la auténtica Libertad.



Otoño 2010


La gruta


Gruta del jardín de Bomarzo

Boca de acceso a la gruta
Jardín de Bomarzo


El ingreso en una gruta inquieta y atrae, llena de temor y al mismo tiempo de valor. Es un ámbito oscuro, húmedo, pero envolvente y acogedor. ¿Por qué reúne en sí tantos antagonismos? ¿Qué poderosa fuerza contiene?


Es la boca que adentra en el inframundo, la puerta que se abre al reino de Hades y Perséfone, a la fragua de Hefesto, y a los dominios de la Hécate terrestre; es la mansión donde habitan dragones, serpientes y otras alimañas, y en sus entrañas se cuecen los metales y maduran las piedras preciosas, como un gran laboratorio a cubierto, protegido, pero no exento de peligros.


Acceso a la cueva de Cumas

Pasadizo de entrada al
antro de Cumas, Italia


El descenso al interior de la Tierra es el primer estadio en el recorrido iniciático; innumerables mitos y ritos mistéricos así lo revelan. Dante se pierde en la selva oscura y de la mano de Virgilio baja a los infiernos, y a su vez Virgilió plasmó en su Eneida ese viaje, a través del periplo subterráneo de Eneas guiado por la pitonisa de Cumas; Orfeo desciende al inframundo para ir a buscar a su esposa Eurídice; los ritos mitraicos se celebraban en el secreto de la cueva; además, el primer viaje de la iniciación masónica se denomina de la tierra. El acróstico hermético V.I.T.R.I.O.L. significa, "visita el interior de la tierra y rectificando encontrarás la piedra oculta". Lugar de muerte, de putrefacción, la cueva promueve la disolución y el regreso a un estado de indiferenciación. Y es justamente por ello que de modo simultáneo se produce la eclosión de la vida en su interior. Es el gran crisol o receptáculo donde tiene lugar la fecundación y la gestación de todos los seres, por eso muchas culturas la han visto como una imagen simbólica del Cosmos.


El gabinete de reflexión masónico
como una caverna


Tierra Negra, Al-Kemi, así denominaban los antiguos a Egipto, el crisol y corazón de la Tradición Hermética. No sólo toda la vida y los incontables seres nacen de los limos que fecunda el Nilo, sino que una gran civilización es gestada y alumbrada en sus márgenes, la que se irrigará por todos los pueblos del Mediterráneo creando una cultura, con todas las riquísimas expresiones simbólicas que han llegado hasta nuestros días para hacer posible la apertura de nuestras conciencias a lo real y sagrado. Los templos por excelencia de Egipto -modelos simbólicos del cosmos- fueron las pirámides: montañas construidas con piedras talladas en cuyo corazón o caverna el faraón y su séquito eran enterrados para seguir su viaje de ultratumba. Los misterios de la muerte y la resurrección van de la mano en el interior de la gruta.


Por eso no es de extrañar que muchas ciudades y centros sagrados de todo el mundo se hayan erigido entorno a cuevas o grutas. Sin ir más lejos, Roma se construyó en el lugar donde estaba la cueva llamada "de las Suertes". En el interesante libro Los Jardines del Sueño, Emanuela Kretzulesco-Quaranta escribe:


"Al principio hubo una gruta natural en la falda de la colina Praeneste. Había sido considerada, desde el siglo VII a. C., un locus religiose saeptus (lugar religiosamente sagrado), según la expresión de Cicerón que cita la guía oficial de las ruinas. La gruta todavía existe; se le llama la Caverna de las Suertes. Una leyenda local cuenta que se hizo sagrada el día en que un hombre llamado Numerius Suffustius descubrió en ella unas tablillas grabadas con signos misteriosos. Los sacerdotes declararon que se trataba de objetos sagrados escondidos por algún viajero llegado de Oriente. La miel que rezumaba el tronco de un olivo les ofreció un signo que interpretaron como confirmación divina de su aserto. A partir de aquel día, se obtuvieron oráculos echando a suertes las tablillas, que se llamaban 'suertes'". (Kretzulesco-Quaranta, Los Jardines del Sueño. Polifilo y la mística del Renacimiento, Ed. Siruela, Madrid, 1996)


Como éste hay muchos otros casos, aunque la gruta no tiene porque ser siempre natural, sino que el hombre también la ha construido artificialmente para recrear ese espacio simbólico, significativo, apto para promover la iniciación y para hacerla efectiva, tal lo que ya hemos mencionado de las pirámides o del gabinete de reflexión masónico, etc. Durante el Renacimiento, muchos jardines serán diseñados por hombres de conocimiento con estos fines. En ellos se buscaba,-a través de la armonización de la geografía, los árboles, las plantas, las fuentes y cursos de agua y elementos escultóricos- reproducir el universo en pequeño y los misterios que éste alberga, así como la posibilidad de conocerlos, o penetrarlos. En todos esos jardines, siempre está presente la gruta, como en los de Bóboli de Florencia, en los de la Villa D'Este en Tívoli, en el Palacio del Té de Matua y un larguísimo etc., que aún actualmente podemos contemplar. Sólo por poner un ejemplo, en la residencia de los Médici en Fiésole, en la Villa Medicea di Castello, está la llamada "Gruta de los animales del Nilo", que reproduce el mito narrado en la Metamorfosis de Ovidio, según el cual, después del gran diluvio del que únicamente sobrevivieron Deucalión y Pirra, todos los animales que repueblan la tierra nacieron de la conjunción de la tierra y el agua por la acción del fuego, como veíamos que sucedía con la tierra del Nilo, pues:


"De igual modo, cuando el Nilo de siete desembocaduras ha abandonado los encharcados campos y hecho volver a su corriente al antiguo cauce y el limo fresco ha ardido con el astro celestial, los labradores encuentran muchísimos animales al revolver los terrones y entre éstos ven algunos concebidos hace poco en el mismo momento de nacer, algunos incompletos y privados de parte de sus miembros, y a menudo en un mismo cuerpo una parte vive, otra parte es tierra sin formar. En efecto, cuando la humedad y el calor han conseguido un equilibrio, conciben, y de estos dos nacen todas las cosas y, aunque el fuego es enemigo del agua, el vapor húmedo crea todas las cosas y la discorde concordia es adecuada para la generación". (Ovidio, Metamorfosis, Ed. Cátedra, Madrid, 2001, pág. 213)


Gruta de la Villa Medicea di Castelo

Gruta de la Villa Medicea di Castello
Florencia, Italia


Kretzulesco-Quaranta sigue explicando a propósito de esta cueva:


"Dos columnas dóricas -recuerdo de las columnas dóricas de Praeneste- guardan la entrada de la gruta en la que el peregrino se apresta a recibir una iniciación tocante a los misterios de la vida.


La oposición de la claridad y la oscuridad sugiere el principio del dualismo que hallamos en el origen de las leyes biológicas. Es en la sombra donde se realiza el misterio de la procreación; pero el nacimiento es el paso de la Sombra a la Luz.


Lo mismo sucede en todo nacimiento espiritual.


Algunas grutas neolíticas están teñidas de rojo con el fin de reproducir 'el interior del útero'. Cuando en 1546, Antonio da San Gallo aconseja de acordarse de las grutas antiguas, piensa en las grutas marinas y en sus depósitos salinos y calcáreos. Ammannati sigue el consejo y, para que no haya lugar a engaño, añade conchas y crustáceos.


Cuando los ojos se acostumbran a la oscuridad aparece un espectáculo extraordinario: todos los animales de la creación están representados en esculturas agrupadas en los nichos decorados con conchas. Debajo de cada grupo hay tres tazas de mármol. Las esculturas son de Tribolo y de Fancelli; hubo dibujos aportados por Giovanni Bologna (Giambologna, como le llamaban los toscanos).


Ammannati tuvo la precaución de situar la gruta de manera que el sol pudiese penetrar hasta el fondo a ciertas horas del día. Con ello seguía una tradición que se remonta al Neolítico. Cuando Tiberio hizo transformar en santuario a la gruta de la Mater Magna, en Capri, ésta -orientada de modo que recibiera un rayo de sol durante el equinoccio de primavera- era ya un lugar sagrado desde la prehistoria.


De la unión del agua y el fuego solar brota la vida, por la liberación de la energía vital en un germen. La fabulosa alegoría de la gruta de los 'Animales del Nilo' de Palestrina, recuerda una vez más el relato de Ovidio referente a la aparición de la vida animal en la Tierra (Met. I)."
(Los Jardines del Sueño, pág. 263-264)


Pero esta idea del rayo de luz incidiendo en el seno de la oscuridad no es solamente un modo simbólico de explicar el acto cosmogenésico que se va repitiendo y con ello contribuyendo a la regeneración del Universo, sino que recuerda también lo expresado por la Cábala hebrea para referirse al misterio del origen del Cosmos en el seno de la Nada infinita. Una contracción en el Vacío provoca un espacio hueco que es fecundado por un rayo luminoso de sí mismo, concentrando en un punto virtual la Posibilidad de Ser. De ahí que las grutas, por su elevada significación tanto cósmica como metafísica, sean el lugar escogido para las iniciaciones. En ellas muere el hombre y renace a su condición divina.


No porque sí, Hermes, el promotor de la muerte iniciática y guía de la "nueva vida" nace en una cueva, y ésta está presente en las "biografías" de muchos de los intermediarios divinos; por ejemplo, Dioniso niño es criado por las Ninfas en una gruta, el mismo Jesús es alumbrado en un pesebre oscuro y cobijado, y Mitra nace de una piedra al lado de un río, siendo el Mitreum la cueva en la que se efectuarán los ritos iniciáticos de este culto mistérico tan extendido durante el imperio romano, donde lo central era el sacrificio del toro, de la bestia que vertía su sangre para dar vida al neófito. La idea del sacrificio también está presente en la iniciación: el iniciado autosacrifica en su corazón su humanidad y se entrega a un viaje largo, difícil pero lleno de furor, que lo irá liberando de todas las limitaciones, deificándolo.


Altar de un Mitreum


Por otra parte, los dioses de la oscuridad o siniestros, hacen de la gruta su habitáculo y el lugar secreto de sus nupcias. Aquí los opuestos se complementan, como es el caso de lo simbolizado por la unión de Hades y la joven Perséfone, o del cojo y maltrecho Hefesto con la más bella de las diosas, Afrodita. Los extremos se tocan, se cierra el círculo, y sólo queda como salida a otra realidad conciliar todos los complementarios y reconocer la unidad esencial y preexistente a cualquier polarización; buscar el centro de la cueva y salir de ella.


Gruta de los jardines de Bóboli

Gruta de Paris y Elena
Jardín de Bóboli, Florencia


En el ser humano la gruta es su corazón. Es aquí donde acontece todo el viaje iniciático que se apoya en símbolos y ritos para efectuarse, pero que es en realidad algo totalmente interno. Se ingresa en él para vivir la muerte real y someterse a la dura transmutación del alma, que también se cuece en su interior. Todo ello puede ser visto como un vuelo del pensamiento, por eso la divisa grabada en la boca del jardín de Bomarzo ya advierte: "Todo pensamiento vuela". Y aunque la simbólica de este órgano nuclear dice que es un lugar inviolable e inexpugnable por todo lo profano, y que en su centro se alberga la semilla de inmortalidad, la aspiración del iniciado no es quedarse reconfortado en su cobijo o aterrado en su oscuridad, sino las dos cosas a la vez, y al mismo tiempo, buscar la salida por la puerta estrecha hacia lo supracósmico, que ya no sabe de ninguna dualidad.


Capilla de San Bricio

Detalle del basamento de la Capilla de San Bricio
Catedral de Orvieto

Luca Signorelli, 1499-1504